Un pabellón circular que celebra el barro como materia sanadora.
Ábsides radiales cubiertos alojan pilas y duchas exteriores; al centro, un patio abierto con una pila de agua y un depósito de barro que invita al ritual: untarse, dejar secar y luego purificarse bajo el agua.
La construcción es simple y esencial: concreto sólido, del color del barro que protagoniza la experiencia.
Una arquitectura mínima, al servicio del cuerpo y la tierra.